|
Fecha
de lanzamiento: 01 de
agosto del 2006
Características:
PC-Aventura-3º
persona-Medieval-Futurista-Fantástico
Distribuidor: Friendware
Productor: Micro
Application
Desarrollador: Fumcom
Precio: 44,95€
Manual: Castellano.
Textos: Castellano.
Voces: Castellano.
Código PEGI: 12+
Web oficial:
Disponible
Requisitos: Windows XP
(con service pack 2),
Intel Pentium 4 1.6 GHz,
256 MB RAM, 7 GB libres
en el disco duro,
Tarjeta de sonido
compatible con DirectX
9.0c, Tarjeta gráfica 64
MB, pixelshader 1.1
support (ATI Radeon 9550
/ NVIDIA GeForce FX
5700), 2X DVD-ROM.
Requisitos recomendados:
Intel Pentium 4 2.5 GHz
ó AMD Athlon XP 3500+, 1
GB RAM, Tarjeta gráfica
256 MB, Tarjeta de
Sonido Creative Audigy.
Análisis publicado el
27-11-2006 por ASS.
Total War, Half-Life,
Neverwinter Nights y
World of Warcraft son
los sinónimos de la
majestuosidad de la
estrategia, la acción,
el rol y los
multijugadores masivos,
respectivamente. ¿Y cuál
es la saga reina de las
aventuras gráficas de
nuestra época? A falta
de Monkey Island (bueno,
a falta de casi todas
las glorias de antaño)
nos quedamos con The
Longest Journey.
Las dos escuelas
Si dejamos a un lado
toda la basura que
intentan vendernos en
forma de videojuego,
hecha con tan pocas
ganas como inspiración y
que apenas intenta
aprovechar una moda
pasajera a costa de
arruinar la reputación
de un estudio y una
editora (recuerden las
ventas de Enter the
Matrix y díganme qué tal
les va ahora a Atari y a
Shiny), nos quedan dos
maneras –dos escuelas-
de entender el ocio
electrónico.
La
primera diviniza la
jugabilidad por encima
de todo, la segunda ve
en el software lúdico un
medio para la expresión
narrativa. Un puñado de
obras maestras logra
destacar en ambas
tendencias, pero son
muchas más las que en el
intento fracasan en
ambos frentes.
Como
corresponde a su género,
Dreamfall es más una
historia contada de
manera interactiva que
un juego que se apoya en
una fábula. Visto así,
sus pecados son en su
mayoría veniales y sus
virtudes lo hacen
brillar.
Cuéntame un cuento
The
Longest Journey se
centraba en la primera
aventura de April Ryan,
una adolescente que
descubre a través de sus
sueños que es capaz de
viajar entre dos
realidades diferentes:
Arcadia y Stark, el
mundo de la magia y
nuestro mundo en siglo
XXIII. Una fuerza
maligna amenaza con
destruir el precario
equilibrio entre ambos,
pero April se las
ingenia para salvar
ambos universos.
En
Dreamfall los años han
pasado y April no ha
querido abandonar
Arcadia, es más, se ha
convertido en una líder
destacada de la
resistencia contra una
invasión procedente de
una nación que destaca
por su fanatismo
religioso y
militarización. En estas
circunstancias la
señorita Ryan ha
madurado, pero también
se ha hecho más
pragmática y cínica.
Mientras, en Stark, Zöe
Valdés está perdida en
sí misma cuando comienza
a tener visiones en las
que aparece una niña a
lo Ring (pero menos
terrorífica) que la
exhorta a salvar a April.
Con estos ingredientes
comienza una compleja y
absorbente historia que
destaca por encima de la
inmensa mayoría de
relatos que uno puede
encontrar en cualquier
videojuego, tanto por su
calidad como por la
habilidad como es
contada y van
convergiendo los
diferentes aspectos de
una trama que abunda en
conspiraciones. Eso sí,
los tópicos no faltan.
No te preocupes por el
idioma, la localización
al castellano es
completa y más que
correcta.
Por
cierto, no esperes un
final absoluto que se
adorne con sonrisas
Profiden y un banquete
de perdices. Todo indica
que habrá una tercera
parte que ate los cabos
sueltos que deja
Dreamfall.
Viajando
Probablemente The
Longest Journey fue el
canto de cisne de las
clásicas aventuras en 2D
de Point & Click. Tal
fórmula dio unos
resultados estupendos,
pero el tiempo no
perdona y los cambios
son imprescindibles para
revitalizar el género.
Así que Ragnar Tørnquist
y sus colegas de Funcom
han tenido que devanarse
los sesos para hacer una
puesta al día de la saga
sin perder su espíritu
original. Y en buena
medida lo han
conseguido.
Para
empezar, saltar a las 3D
supone escoger entre
perder el preciosismo de
los fondos
prerrenderizados o el
uso de un motor gráfico
que reduciría el ámbito
de posibles jugadores a
una minoría poseedora de
hardware de última
generación, además de
unos costes de
desarrollo desmesurados.
Como casi siempre, la
solución se ha
encontrado en un punto
equilibrado: gráficos en
3D más que correctos (no
especialmente
atractivos, pero
solventes) con
requisitos mínimos
razonables. Por cierto,
ya que hablamos de
dinero hay que destacar
que el Ministro de
Cultura francés, quien
recientemente ha
declarado que los juegos
electrónicos han de ser
considerados como un
medio de expresión
artística y como tal han
de ser apoyados por las
instituciones públicas,
no ha inventado nada. El
Gobierno Noruego sí lo
hizo al subvencionar
generosamente esta
superproducción que nos
ocupa. Doña Carmen
Calvo, esperamos conocer
su opinión al respecto.
El
paso a la
tridimensionalidad ha
supuesto en algunos
casos (Broken Sword III)
el transformar aventuras
muy queridas en títulos
que emulan a la saga
Tomb Raider con mayor o
menor fortuna. No es el
caso de Dreamfall, pero
poco le ha faltado. No
abundan las plataformas
ni las pruebas de
habilidad (tampoco los
puzzles, no habría
sobrado alguno más de
los que hay) pero sí se
han añadido con cierta
torpeza los combates
cuerpo a cuerpo. Y, por
favor, que no se
entienda esto como un
alegato a favor de
complicar el asunto
hasta hacer de la
presumible tercera parte
un mediocre beat’em up,
sino como una crítica
por ser estos caóticos y
superfluos en ciertas
circunstancias (que no
en todas).
Además de a April Ryan y
a Zöe Valdés, estupendas
damiselas de armas
tomar, controlamos a
Kian, poderoso guerrero
que supone el
contrapunto perfecto de
ambas. Cambiar de
personaje supone
sencillamente acceder a
la historia desde puntos
de vista diferentes, por
lo que no se puede hacer
a voluntad y no tiene
grandes repercusiones en
la jugabilidad.
Antes
hablábamos acerca de dos
maneras de entender el
ocio electrónico. E
principal pecado de la
escuela narrativa suele
ser la sobreabundancia
de escenas cinemáticas,
y este título no es una
excepción.
Funcom ha aportado con
este juego una
refrescante solución al
problema del píxel
haunting (recorrer
el escenario con el
puntero del ratón en
busca de algo con lo que
interactuar cuando nos
quedamos sin ideas y no
logramos avanzar).
Consiste en un campo de
visión especial que
podemos activar para
explorar ágilmente
cierta área u objeto
específico. La idea es
genial y su aplicación
es efectiva, aunque
seguramente veamos en
juegos futuros versiones
mejoradas y mejor
aprovechadas de este
sistema.
Artísticamente, estamos
ante un producto notable
y vibrante por momentos,
tanto en el diseño
visual como en la banda
sonora, que contiene
algunos temas
merecedores de ser
escuchados más allá de
las horas de juego.
En resumen
Pese
a sus defectos, estamos
ante la gran aventura de
este año y ante un
argumento sobresaliente,
razones más que
suficientes para hacer
de esta secuela una
compra obligada para los
viejos aventureros y una
forma fantástica de
acceder a un género
maravilloso.
Lo mejor:
La historia y la banda
sonora.
Lo peor:
Demasiadas escenas
cinemáticas, combates
algo caóticos.
Alternativas:
-The Longest
Journey
-Syberia
Horas jugadas: Juego
terminado
Equipo de pruebas:
Pentium IV 630; 1024MB
DDR 400MHz Kingston;
eVga Nvidia GeForce 7800
GS (AGP, 256MB);
Creative Sound Blaster
Audigy Player; Windows
XP Home SP2 actualizado;
Seagate ATA100 74,4GB
7200rpm (ST 380011A);
LCD 17”; LG GSA-4167B;
Asrock 775I65G; Logitech
Cordless Desktop MX;
Speedlink Medusa 5.1
ProGamer; todos los
drivers actualizados;
durante todas las horas
de juego el equipo
permaneció conectado a
Internet (ONO, cable)
4096kbps/150kbps, con
Norton Internet Security
2006 (actualizado)
trabajando, además de
(ocasionalmente) otro
software en segundo
plano; capturas tomadas
con FRAPS (última
versión disponible).
Jugabilidad: 6.5
Gráficos: 7
Música y sonido<: 8.5
Nota final: 8
|